Manuela Fernández Santamaría
lunes, 14 de mayo de 2012
Hoy ronda la muerte los muros de mi casa.
Ya afina sus violines en mi calle.
Ha mandado al dolor como avanzada.
Anunciador amable. Sólo un síntoma.
Pero escucho trepar por las paredes
las incipientes notas discordantes.
Ha empezado a brotar la enredadera
de raíces ocultas y olvidadas.
Ya han crecido las primeras hojas:
diagnósticos, sospechas, medicinas.
De miedo se empapelan las alcobas.
Hay perros de ojos tristes
royendo cada hueso de mi casa.
Hay bocas como lechos de hospitales
donde muere de lágrimas la risa.
Hay lagos de ojos con los peces muertos
navegados por barcas sorprendidas.
Hay silencios, susurros, desconciertos.
Está llena de huéspedes mi casa.
Manuela Fernández Santamaría
jueves, 5 de abril de 2012
Llámame a que traspase tus umbrales,
llévame hasta la sala, donde arde la hoguera,
que está la vida helada, amor mío,
y el viento norte se anilla a mi cintura.
Fuera de tí el hielo se apodera
de la copa del roble y de los mástiles,
cristaliza en las largas lágrimas del sauce,
ondula por las venas sus prismas aguzados
y opone transparentes paredes a las alas.
Traigo mi provisión de hojas y de astillas,
invierno tras invierno las fuí acumulando.
Llámame. ¿No ves mis brazos cargados de leña
y mi corazón temblando de frío ante tu puerta?
Manuela Fernández Santamaría
jueves, 8 de marzo de 2012
Yo no voy a llorar.
Está el universo sumergido
en el llanto de todas las mujeres.
Siglos enteros han ido derramando
llanto sobre los surcos y el camino,
llanto en el aire para la lluvia,
llanto en el cauce, en el Océano.
Son suficientes lágrimas.
Yo no voy a llorar.
Caminaré sobre la tierra húmeda
plantando un grito al borde del pantano
y no será más corta mi andadura,
ni más bajo mi vuelo,
por haber heredado los lamentos.
Iré tan alto y lejos
como alcancen mis alas.
Yo no voy a llorar.
Manuela Fernández Santamaría
miércoles, 29 de febrero de 2012
Bajan los días cansadas madrugadas
vaciando sus horas de tristeza,
una a una, inexorables, lentas,
multiplican sus muros a la tarde.
Lentamente construyen su edificio,
el templo de cemento y sus estatuas,
los dioses de la angustia que levantan
sus desolados párpados de ausencia.
Cae la soledad como cae la lluvia:
sus goterones pálidos calando sucesivos
más allá de la piel y de la médula,
hasta formar un lago de aguas quietas
donde mueren las voces y los cuerpos.
Y estás sólo y no importan las ciudades,
la música te duele, y los amigos,
se viene la tristeza hasta tu centro
y te retoñan heridas de destierro.
Piensa entonces en mí, háblame bajo,
no importa la distancia ni la ausencia:
me encontrarás allí, perenne en la tristeza,
entre la soledad, entre la angustia.
Yo esperaré contigo a que sonrías.
Manuela Fernández Santamaría
sábado, 21 de enero de 2012
Pintor: E. Descals
9´20. Parte el tren.
Tú de pie sobre el andén,
yo de pie sobre el estribo.
Mientras la escena describo
llorando en la lejanía,
también el sol se moría
decapitado en el monte.
Parte el tren.
Enviste hacia el horizonte
´ negro toro, toro herrado,
y quedan solas las manos
al aire, como pañuelos.
(El sol, su rojo señuelo
tendido para mi pena,
redondea su faena).
Parte el tren.
Tu figura entre el vaivén,
inmóvil, se va alejando,
y en el andén va quedando
como estatua del adiós.
La distancia entre los dos
se alarga y es un barbecho
arado sobre mi pecho.
Parte el tren.
Manuela Fernández Santamaría
9´20. Parte el tren.
Tú de pie sobre el andén,
yo de pie sobre el estribo.
Mientras la escena describo
llorando en la lejanía,
también el sol se moría
decapitado en el monte.
Parte el tren.
Enviste hacia el horizonte
´ negro toro, toro herrado,
y quedan solas las manos
al aire, como pañuelos.
(El sol, su rojo señuelo
tendido para mi pena,
redondea su faena).
Parte el tren.
Tu figura entre el vaivén,
inmóvil, se va alejando,
y en el andén va quedando
como estatua del adiós.
La distancia entre los dos
se alarga y es un barbecho
arado sobre mi pecho.
Parte el tren.
Manuela Fernández Santamaría
viernes, 30 de diciembre de 2011
La muerte sigue latiendo
acompasada en mis arterias,
la angustia no aflojó
su garra en mi garganta
y la tristeza pliega su embozo
contra las sábanas nocturnas.
Por las mañanas maquillo
mi soledad ante el espejo
y salgo con mi máscara
a cosechar jornales,
a consumir jornadas,
a construir palabras.
No he llegado hasta el limbo.
Pero has puesto tu piedra
en medio de mi charca
rompiéndome en anillos,
y muerte, dolor y angustia
abren tres círculos concéntricos
que convergen cerrados hacia tí.
Has roto la quieta, tersa
superficie estancada,
que ondula y olea
multiplicando tu imagen,
aclarando mi soledad
como un rayo de luna
que descifra las aguas de la noche.
Manuela Fernández Santamaría
martes, 20 de diciembre de 2011
Dijiste "tú y yo"
y encendiste tormentas olvidadas
en el ya encallecido
y tan cuidado
silencio de mi calma.
Pusiste tracas en mi pecho
y esparciste mis venas por sus cauces,
rompiendo diques de piedra y argamasa
duramente labrada.
Recogeré de nuevo mis escombros
y, piedra a piedra, herida sobre herida,
reconstruiré mi casa.
Pero en sus muros quedarán por siempre
tus huellas y mi sangre.
Manuela Fernández Santamaría.
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